MEMORIAS DE MARÍA
“Señor, al fin hubo quien se apiadó de darle posada a tu Hijo esta noche; tu hijo está por nacer y nadie quiere dejarnos entrar en su casa. No hay nada que reclamar, sé que cada quien es libre de dejar pasar a su casa a quien quiera, pero, en ocasiones, es la luz verdadera la que nos llama a la puerta y no la vemos, es la misma luz quien nos pide pasar y simplemente le decimos no. ¿Por qué? Recuerdo aquella tarde cuando estaba realizando las labores de la casa; no me hubiera imaginado que ese día iba a recibir una visita inesperada, el mismo Ángel del Señor vendría a darme una gran noticia, que yo sería la elegida por Dios para ser la madre de su Hijo. Y es que todavía sigo meditando las palabras que me fueron dadas en ese momento: concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; el será grande y será llamado hijo del Altísimo. El Seño Dios le dará el trono de David, su padre, reinara sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin (Lc. 1, 31-33) No pude do...